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Entrevista Francisco Olivares:“El arte no debe ser hermético ni encerrado en un cubículo, debe estar conectado con el territorio”

A raíz de la exposición temporal «Lugar de origen», conversamos con Francisco Olivares, artista visual y director de la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso. El licenciado en artes con Maestría en pintura, habló sobre el aniversario de la academia de artes porteña, los nuevos proyectos y la relevancia que posee que los estudiantes estén relacionados con su entorno.

¿Qué significa como director y para la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso cumplir 65 años de trayectoria en la formación artística en Valparaíso?

Para mí es un honor estar al frente en este año de tanta contingencia. No solo hay una celebración de estos 65 años, además se suma la remodelación de la casona que nos alberga. Así que feliz y orgulloso. Como escuela estamos todos muy contentos, tanto estudiantes como profesores. Por otro lado, la verdad que la iniciativa del museo también es algo muy decisiva y nos permite visualizarnos aún más. Hemos venido trabajando en eso, y se necesitan estos acompañamientos, así es que vivimos una época de alegría.

¿Me podrías contar un poquito sobre la remodelación que va a vivir la escuela?

En el año 2017 postulamos a un fondo regional para la remodelación de la casona, se hacía necesario por el daño que tenía debido al paso del tiempo. También, la infraestructura es complicada y se hace pequeña, tenemos a muchos estudiantes y docentes transitando. Era necesaria esta mejora, que implica una ampliación del subterráneo como sala multiuso, el taller de escultura, el patio, acceso universal, por ejemplo. Tendremos una escuela muy moderna.

Respecto a la exposición, ¿cómo se gestó esta muestra que se ha presentado en el Museo de Baburizza y qué criterios usaron para seleccionar las obras y las esculturas?

Esto es una invitación de su director, Rafael Torres, quien quiso que el museo saludara a la escuela por sus 65 años. Somos parte del museo, nacimos bajo su alero, desde cuando estaban en la calle Independencia. Entonces, hay un lugar de reunión, un lugar de familiaridad, por decirlo de alguna manera. Por lo tanto, nos convocan a exponer acá desde el concepto histórico. Esa fue la línea curatorial. Los profesores activos que están participando son profesores que se relacionan con los inicios de la escuela: Luisa Ayala e Iván Cabezón, ellos están ejerciendo actualmente, en general todo lo que está exhibiéndose, señala que es una muestra histórica, que relata cómo se inicia en el año 1960 por su primer director Lajos Janosa hasta 1980-90.

Y respecto a eso que mencionas y a la curatoría, ¿qué tipo de obras vamos a encontrar en la exposición?

En general son pinturas y esculturas, sobre todo de los inicios, por ejemplo, del artista Lajos Janosa, su fundador, como ya lo mencioné es la historia de la escuela. También, participan los profesores Humberto Parada y Luis Labraña que hasta hace unos años ejercían en nuestra institución. Además, nos encontramos con unos trabajos de una profesora: Leticia Ruiz, contemporánea a estos docentes y que ya no nos acompaña. Además, hay una propuesta más contemporánea de Iván Cabezón con su mirada más rupturista respecto a la escultura tradicional y la profesora Luisa, ella también muestra una pintura, pero desde un desplazamiento hacia el género, hacia los textiles.

No debemos olvidar a la artista y profesora Virginia Vizacíno quien recuperó el taller de grabado después de su cierre en 1973, además la creadora de los talleres de plástica infantil y adolescente de nuestra escuela en los años ochenta. En general, con eso nos encontraremos, una muestra bien completa a pesar de la distancia de tiempo. Nos hallaremos con artistas que aún siguen ejerciendo, pero la mayoría de ellos ya no están entre nosotros.

¿Cuál crees que ha sido el aporte al panorama artístico de Valparaíso en estos 65 años?

Pienso que es un tema que nos hemos cuestionado muchísimo, que hay algo ahí muy potente, porque la escuela ha aportado a muchos artistas; muchos en su dimensión y en su época, basados en los conceptos que estaban en aquellos años. Por lo tanto, en una generación formada de 1960 al 2010, fueron artistas bastante partícipes con la cultura, sin embargo, con alguna distancia con lo que estaba sucediendo después con lo que es el territorio y el contexto local.

A partir del 2010 la escuela se replantea, cambia las estrategias de vinculación y se generan nuevas maneras de ejercer. Hace un trabajo con el territorio mucho más concreto; trabaja con el Sename, entre otras instituciones y luego incorpora prácticas académicas, por lo tanto, los estudiantes ya no son solo artistas encerrados en su cubículo, en su mundo individual, sino que están relacionados directamente con el territorio, lo cual nos llena de orgullo porque sus propuestas nacen desde ahí, desde lo cotidiano, desde el espacio local. Ese es el aporte, sobre todo el 2010, hasta ahora el 2024-2025. Hay una generación de artistas que, sin desmerecer a los otros, son artistas que se comprometen con su contingencia, y eso es un orgullo. El arte no debe ser hermético ni encerrado en un cubículo, debe estar conectado con el territorio.

¿Y qué rol crees que juega actualmente la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso frente a los desafíos contemporáneos del arte y la formación artística en Chile?

En lo personal, creo que la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso tiene dos ejes. El primero es que los estudiantes tienen que estar compenetrados con su territorio, en trabajos directos con el mismo. Ellos realizan prácticas artísticas en establecimientos educacionales públicos de la ciudad, lo cual les impregna de conocimiento social y cultural. También en espacios culturales y comunitarios, como en juntas de vecinos, por ejemplo. Se hacen murales y se trabaja en terreno. Por otro lado, también existe la línea formativa que ha ido mutando con relación al tiempo. Por ejemplo, como escuela propusimos una exposición que se llamó En el nombre del padre, que fue en el año 2017, ahí ya planteábamos una crítica al patriarcado. Nos adelantábamos al 8 de marzo de 2018 histórico que fue determinante para nuestra sociedad. Nosotros como escuela estábamos preocupados de hablar de lo contemporáneo a través de las veinte mujeres artistas que participaron, no es solo una reflexión respecto a las comunidades, sino que también al quehacer artístico.

Por otro lado, aparecen trabajos que están realmente instaladas en el espacio de la ciudad. Por ejemplo, tuvimos un estudiante, César González, que ganó el segundo premio en la XII Bienal arte de Valparaíso el año pasado. Genera una obra que relata como la ciudad se está diluyendo arquitectónicamente y es un compromiso también desde lo comunitario. Desde la Escuela se puede definir que no es solo el espacio para el encuentro cultural, sino que también desde lo artístico, para generar nuevas propuestas, nuevas reflexiones, un trabajo consistente de todos y todas las profesoras.

Sé que aparte de director eres artista. ¿Cuál ha sido el pintor, escultor que más te ha conmovido y que más te ha llamado la atención su historia y su trayectoria?

Hay varios. Yo creo que en lo personal y en el plano local,  admiro mucho a mi amigo Mario Ibarra. Cuando éramos jóvenes, él tenía los cerros con algunos grafitis que hablaban de ese Valparaíso que estaba despertando. Y su trabajo era muy consistente respecto a ese momento.

Hace poco revisamos el territorio con un estudiante y miramos a Anselm Kiefer y lo que hace él con el deterioro que trabaja. Creo que son muchos los referentes, pero me quedaría con esos dos.

¿Qué mensaje te gustaría transmitir a las personas para que visiten la exposición y que se van a encontrar también cuando la vean?

El título lo dice todo. Nosotros nacimos bajo el concepto de bellas artes. Entendiendo que el concepto de bellas artes es un concepto aristocrático, se nace desde ahí y se hace un ejercicio plástico en los años 60, basado en la figura humana, en la armonía de la belleza. Entonces, en este trabajo y esta exposición encontramos los inicios de la escuela llegando hasta la transición de finales de los ochentas, como te decía al principio, exponen los profesores, Iván Cabezón y Luisa Ayala, que generan una evolución de una escuela que tiene un origen de bellas artes, desde la belleza, desde lo bonito, a un discurso mucho más contestatario, más contingente, más contemporáneo. Eso se va a encontrar en la exposición.

Este año tanto el museo como la escuela están de aniversario. ¿Qué relación encontramos en estas dos instituciones?

Piensa que la misma escuela de arte de la Universidad de Chile nace en el Museo de Bellas Artes de Santiago, las clases eran en el mismo edificio del museo, y se a continuación migran hacia la Universidad de Chile. El museo siempre ha sido un espacio de contención, no solo en términos museográficos, sino que también de la educación. Entonces nacer bajo ese alero creo que nos permite estar donde estamos, dar un grado de seriedad, de importancia, de ser concretos en términos de educación.

Los profesores que estuvieron en ese momento replicaron los modelos que estaban en el museo y eso fue tremendamente necesario para el momento y para que hubiese esta evolución.

¿Qué planes tienen para el futuro de la Escuela de Bellas Artes de Valparaíso?

Hemos crecido y hemos llegado a un punto en que queremos tener visibilidad total. Creo que este año entre todas las celebraciones que comienzan con la exposición para celebrar los 65 años, queremos generar un ciclo de visibilización. Por lo tanto, nos queda ahora la internalización. Queremos generar relaciones con el extranjero, por ejemplo, con escuelas de Argentina y Uruguay. Generar esas vinculaciones para que la escuela salga de la frontera. Como profesores también queremos llegar a relacionarnos con la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar, para generar un trabajo en que pueda ser independiente en términos económicos, que el Ministerio de la Cultura nos pueda financiar los programas que tenemos.

¿En qué consistiría?

Reunirnos con los profesores de las otras escuelas municipales de la región (somos únicas), con estudiantes y profesores, exhibir la importancia de nuestros roles, porque piensa que son escuelas de arte con un modelo único de educación, por lo tanto, plantearse y plantearlo desde esa orilla, decir que es una propuesta alternativa y distinta para la formación de artistas, que no necesariamente busquen la validación por la universidad. La mayoría de los estudiantes de nuestra escuela, son becados, esto, con el fin de darles mayor integración tanto en el mundo artístico, como la integración con la comunidad.

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