Columna por Rafael Torres Arredondo | Director Museo de Bellas Artes de Valparaíso
“Como si la vida fuera a durar para siempre”, era la frase preferida de Thierry Defert, a quien todos recordaremos como el entrañable Loro Coirón. Lamentablemente la vida no dura para siempre y él se acaba de morir. Nos quedamos acá en Valparaíso, en una nueva orfandad. La del artista, la del vecino, la del amigo, la del buen hombre, ese que eligió la ciudad para instalarse a ser artista, la ciudad que lo vio hacer pareja con Luz Méndez; la ciudad que el vivió, sintió, sufrió, pero, sobre todo, a esta ciudad, la amó con todas sus fuerzas.
Corría el inicio de los años noventa, cuando Valparaíso recibió a un nuevo inmigrante, a un nuevo vecino que la elegía para instalarse. El ciudadano francés Thierry Defert, criado en Senegal, había pasado por Chile a fines de los años ochenta, y se había maravillado con nuestro puerto. Quizás le resultó parecido a otros parajes en lo que había estado, pero sin duda y como el mismo lo dijera muchas veces, la ciudad lo atrapó. “Llegué a Valparaíso y fue como ver a una ciudad olvidada, lejos de los medios, de la moda y de todo en la época. Pero que tenía su dignidad. Hoy hablamos mucho de eso, y Valparaíso ya lo tenía en aquella época, una dignidad e identidad propias”, le dijo a un semanario, en una entrevista en 2021.
Se instaló en el barrio puerto, en el cerro Cordillera, desde ahí bajaba todos los días a observar la vida cotidiana de la ciudad y su gente, lo que más tarde con la gubia dibujaba sobre el linóleo y finalmente lo pasaba por la prensa, dando como resultado final, un excelente grabado. Vimos la plaza Echaurren, la plaza Victoria, el Mercado Cardonal, el Mercado Puerto, retratado en su inigualable estilo. Pero también al habitante, a la gente de a pie, a la de su barrio, a todos los dibujó, fue el cronista de la ciudad.
Sería esta técnica la que cautivó su espíritu artístico, cuya matriz venía de la escuela de artes gráficas de París, donde estudió. Pero fue aquí en Valparaíso, donde surge el artista Loro Coirón, (apodo que adopta acá) cuyos grabados de pequeño, mediano, grandes y monumentales formatos, retratan la mejor radiografía social de la ciudad. El supo como nadie rescatar la esencia del habitante porteño, su cotidiano vivir, su forma de hacer y ser, el Loro dibujó el alma porteña, de una forma magistral.
El Ministerio de las Culturas, la Biblioteca Nacional, la Cámara de Diputados, el Mercado Puerto, entre otros edificios públicos, gozan de exhibir grandes murales, que él generosamente donó. Le gustaba regalar su trabajo, no era apegado a lo material. Fue generoso con los grabadores, con los artistas y con la ciudad. Nunca se restó de ninguna iniciativa que ayudará a levantar el ánimo porteño. Siempre estaba atento a lo que pasaba en el puerto, lo que luego llevaba a la obra.
Innumerables fueron sus exposiciones individuales y colectivas, siendo la del Museo Nacional de Bellas Artes, el año 2013, una de las más significativas. Estuvo también en el Centex, en el Parque Cultural, en Matucana Cien; pero sin duda donde su obra habitaba, era en Galería Bahía Utópica, en el cerro Alegre, de sus amigos Nancy y Bertrand, que hoy desde París, sienten la pérdida de un buen amigo.
Valparaíso desde hoy ya no será el mismo, la ausencia del Loro Coirón se va a sentir y a notar, su risa, su gentiliza, su apoyo, su disposición y su arte. La ciudad despide a uno de sus grandes vecinos, a un porteño por amor. El Museo de Bellas Artes de Valparaíso, le rinde un sentido homenaje, a este artista que no buscó más que hacer lo que le gustaba y lo ponía feliz, el arte.
Buen viaje Loro, que la tierra te sea leve. Acá nos quedamos apreciando tu obra y recordando tu bonita vida.
Rafael Torres Arredondo
Magíster en Patrimonio
Director Museo de Bellas Artes de Valparaíso
