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El arte como reflejo de la patria

Cuando llega septiembre, Chile se transforma. Es como si de manera automática dejáramos atrás la calma que nos caracteriza y nos llenáramos de color. Se vuelve habitual ver guirnaldas, banderas flameando al compás del viento y la alegría genuina de las personas al acercarse Fiestas Patrias. Esta fecha nos invita a disfrutar de la música, las comidas típicas y los encuentros familiares, pero también abre la posibilidad de reconocer nuestra identidad nacional desde otras dimensiones.

Una de ellas es el arte, disciplina que ha acompañado a la sociedad chilena desde sus orígenes. El crítico José María Palacios (1997) en el libro 200 años de la Pintura en Chile, ofrece un panorama sobre la producción artística durante la Colonia, un periodo que, según él, representó una gestación interior marcada por el alma hispana que se sembraba en nuestro territorio -suyo entonces- y que no podía ni quería prescindir de su vocación de inmortalidad.

Con la Independencia, como señaló Antonio R. Romera, la historia de Chile comenzó a entrelazarse estrechamente con la historia de la pintura. Sin embargo, también surgió una pregunta clave: ¿existía realmente una actividad artística nacional? El debate se intensificó con la llegada de pintores extranjeros como Giovanni Mochi, Juan Mauricio Rugendas, Thomas Jacques Somerscales, entre otros, que hicieron de nuestro país su segunda patria. Frente a esta interrogante, Romera fue categórico en su obra Historia de la Pintura Chilena (1951), al decir que “para nosotros no hay duda. Existe una pintura chilena. Es decir, el fruto de una actividad nacional con unas características determinadas, con unos rasgos concretos, con un perfil peculiar” (p. 11).

Afortunadamente, el Museo de Bellas Artes de Valparaíso da sustento a lo señalado por el historiador al resguardar una de las cuatro colecciones públicas más relevantes del país, la cual permite realizar un viaje simbólico por Chile. A través de obras de los artistas mencionados, junto a exponentes como Enrique Swinburn, los Cuatro Grandes Maestros de la Pintura Chilena, Camilo Mori, Ana Cortés, Arturo Pacheco Altamirano y muchos otros, es posible recorrer este territorio diverso, desde el mar hasta la cordillera.

En este punto resulta fundamental recordar a quien inició la tarea de reunir a estos artistas. En 1895, Alfredo Valenzuela Puelma (1856-1909), uno de los referentes más importantes en la historia del arte nacional, comenzó a custodiar un valioso conjunto de obras de pintores chilenos, lo que permitió la realización del Primer Salón de Pintura de Valparaíso, origen de nuestro museo. Su formación en Francia, donde perfeccionó sus estudios, fue clave para establecer importantes contactos y, al regresar al país en la última década del siglo XIX, integrarse rápidamente a la escena artística local.

Además de su destacada labor como pintor, Valenzuela Puelma cumplió un rol esencial como administrador del Teatro Victoria, encargado de organizar exhibiciones de arte. Pese a los desafíos de la época -incluido el devastador terremoto de 1906, que ocasionó graves daños y dejó el edificio inutilizable-, logró resguardar una valiosa colección de obras. Ese esfuerzo fue decisivo para la creación del Museo de Bellas Artes de Valparaíso.

Gracias a su legado y al trabajo continuado de figuras como Augusto D’Halmar y Camilo Mori en la década de 1940, Valparaíso pudo contar con uno de los primeros museos de este tipo fuera de Santiago. Hoy, el Museo Baburizza nos brinda un recorrido por más de un siglo de historia nacional. Cada obra expuesta permite comprender con mayor profundidad los procesos históricos, sociales y culturales que han dado forma a la identidad artística regional y nacional en el ámbito de las artes visuales.

Desde el Museo de Bellas Artes de Valparaíso junto con desear una grata, entusiasta y responsable celebración con motivos de las Fiestas Patrias, nos asiste siempre resaltar el valor de estas fechas, porque celebrar Fiestas Patrias no solo es un motivo para reencontrarnos con nuestras tradiciones más visibles, sino también una oportunidad de valorar aquellas manifestaciones que han hecho posible nuestra identidad y que siguen vivas hasta la actualidad. El arte nacional, presente en museos y centros culturales de todo el país, nos recuerda que existen múltiples maneras de conectarnos con nuestras raíces y que nuestra herencia artística nos invita a sentirnos parte de una historia común, que les pertenece a todos y todas.

Y qué mejor forma de celebrar que destinando quizás un momento de estos días de sana festividad patria, para encontrarnos en nuestro museo, para apreciar las obras de las o los autores más importantes de nuestra identidad artística y de maravillarnos desde una perspectiva cultural abierta a la comunidad, y profundamente arraigada a nuestra historia como país.

Tamara Candia Ahumada

Periodista Museo Baburizza

Obra: Paisaje Chileno – Alfredo Helsby
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Bibliografía
Palacios, J. M. (1997). 200 años de la pintura en Chile. Primera exposición itinerante . Santiago de Chile: Departamento de Extensión Cultural del Ministerio de Educación.
R. Romera, A. (1951). Historia de la Pintura Chilena. Santiago de Chile: Editorial del Pacífico.
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