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Gabriela Mistral y la diplomacia cultural

Es muy difícil pensar en decir algo sobre la gran poetisa que no se haya dicho, al menos me refiero en cuanto a su vida profesional. De su vida privada, me parece que no es necesario referirse a nada, toda vez que, como cualquier otra persona, tiene derecho a su intimidad. Pero retomando el punto central, creo que no es mucho lo que se puede aportar, sin embargo, y con la pretenciosa intención de colaborar a las celebraciones que están teniendo lugar al conmemorarse 80 años de que recibiera el Premio Nobel, me aventuro a referirme sobre su vida diplomática, por cuanto creo mucho en el valor y la importancia de la llamada diplomacia cultural.

El primer gran hito de la poetisa es haber sido la primera mujer designada Cónsul. Fue un 15 de abril de 1932 cuando recibió un comunicado de la cancillería que le informaba el nombramiento de Cónsul Particular a Elección. Comienzan así sus labores en Nápoles. Sin embargo, no ejerció su función al declararse antifascita. Además de ello, Benito Mussolini, -que gobernaba Italia en aquella época-, no aceptaba diplomáticas mujeres. ¡Vaya política!

Al año siguiente, luego de un viaje a Puerto Rico, -donde fue declarada Hija Adoptiva de la isla-, fue trasladada al consulado en Madrid, España, reemplazando a Víctor Domingo Silva, destacado escritor y dramaturgo nacional. En aquel tiempo circulaba Nubes Blancas libro que reúne la antología de sus poemas. Durante el año 1934, recorrió distintas comunidades españolas en labor consular ad honorem. Sería en 1935 cuando el Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile la trasladó a Lisboa. Ese mismo año, por ley del Congreso chileno, fue designada Cónsul de Elección con carácter vitalicio. Una más que merecida designación.

Gabriela Mistral, ya en uso de su nombramiento formal, fue destinada a Oporto, Portugal; luego a Guatemala con el cargo de Cónsul General Honorario y Encargada de Negocios Ad-interin. Todo esto en 1936, durante el gobierno del Presidente Arturo Alessandri Palma, que culminaría ese mismo año.

Tiempo más tarde, la poetisa, oficio que nunca dejó de lado en estas destinaciones, fue trasladada a Niza, Francia. Sería en París donde el Instituto Internacional de Cooperación Intelectual (Colección Iberoamericana) publicó el volumen Folklore Chilien, que contó con estudio y prólogo de Gabriela Mistral, que ya gozaba de un importante prestigio en el campo de la poesía y la escritura, además de haber hecho valiosas amistades con importantes intelectuales del mundo, muchos de ellos residentes en la capital francesa.

Gabriela forjó una sincera amistad con el Presidente Pedro Aguirre Cerda, con quien compartía una profunda preocupación por la educación. Fue él quien la designó en 1939 como Enviada extraordinaria y Ministra Plenipotenciaria ante los gobiernos de América Central, con residencia en San José (Costa Rica). Mistral agradeció el nombramiento, pero por razones de salud no aceptó el cargo. Intelectuales latinoamericanos iniciaron en ese momento la campaña para postularla al Premio Nobel de Literatura, reconocimiento que llegaría años más tarde; siendo por lo demás la primera mujer en obtenerlo, y una de las primeras personas latinoamericanas en ser distinguida con el premio. Todos estos fueron honores que la poetisa recibió con su modestia habitual.

A principios de la década de los años cuarenta del siglo XX, Gabriela Mistral llegaría al consulado de Niteroi, Brasil. Sin embargo, decidió trasladar el consulado a Petrópolis, un pintoresco y lindo lugar que se encuentra cerca de la capital fluminense. Estando en aquel lugar le tocó vivir la pérdida en la misma ciudad de su amigo Stefan Zweig, gran escritor de origen austriaco-judío. Pero, no sólo tuvo tristezas en Petrópolis, ya que fue aquí cuando la academia sueca le informa que se hace acreedora del Premio Nobel de Literatura en 1945. Será desde Brasil, donde tras un largo viaje en barco, fue a Suecia a recibir su merecido reconocimiento, y desde aquel momento se convirtió en universal, y me atrevo a decir, también inmortal.

La vida de Gabriela fue más bien errante, tanto en Chile como en el extranjero. Vivió en muchos lugares, desarrollando distintas actividades, pero siempre siendo la gran escritora y poetisa que el mundo entero aún reconoce, y siempre preocupada por la educación de los niños.

Su labor diplomática le permitió viajar y conocer, pero quien más ganó con estas destinaciones fue nuestro país, al hacerse representar por una de las voces más consolidadas de la literatura hispana del siglo pasado. A través de la labor internacional de Mistral, mostramos al mundo la madera de la que está hecho Chile, lo que se transforma en un inmenso orgullo.

Al cumplirse 80 años de recibir el Nobel, Chile entero se vuelve un soneto de gratitud y reconocimiento a la maestra, la poetisa, la escritora y la diplomática, a la gran Gabriela del norte, a la voz fuerte, a la mujer señera, a la poesía universal.

Rafael Torres Arredondo

Director Museo Baburizza

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