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Gonzalo Serrano: “Es imposible querer algo que no se conoce”

A propósito de la exposición itinerante “Buenos Porteños”, realizada junto a la Mutual de Seguros de Chile, conversamos con el historiador, profesor y periodista Gonzalo Serrano del Pozo. En esta entrevista aborda la relevancia de impulsar proyectos culturales como este, el papel de la educación en la sociedad y el legado que dejaron estos diez hombres en Valparaíso.

Esta exposición abarca figuras del siglo XIX y XX. ¿Cómo crees que dialogan sus biografías con los procesos históricos y culturales?

En Buenos Porteños uno ve que comienza con Francisco Echaurren (1824) y termina con Carlos León, que nació en 1916. Ese es justamente el periodo de mayor esplendor que tuvo Valparaíso, de la mano con una serie de desarrollos económicos, pero que al mismo tiempo fueron impulsando cambios sociales y culturales. Era un puerto lleno de vida, con distintos tipos de inmigración e intereses, lo que le permitió un despliegue sumamente importante.

Hace unos días estaba revisando en otra entrevista el paso de Juan Bautista Alberdi por Valparaíso. Si uno se fija en su biografía, estuvo en Uruguay, fue a Europa, pero prefirió quedarse en Valparaíso en 1844.

Entonces se daban procesos y vivencias que no tenían nada que envidiar a otras partes del mundo. Y eso dio como resultado gente extraordinaria que quiso devolverle la mano a la ciudad a través de distintas obras: ya fuera con su trabajo, cumpliendo labores políticas o con donaciones, que son los casos más conocidos que vemos en esta exposición.

El objetivo de la exposición es netamente pedagógico y busca ayudar a los estudiantes a identificar y comprender mejor su entorno. ¿Cómo crees que esto se vincula con la formación de una conciencia histórica local?

Me parece muy interesante porque es imposible querer algo que no se conoce. Para poder querer a Valparaíso hay que conocer su historia, y a partir de ese conocimiento uno va generando dos cosas: por un lado, un sentido de pertenencia, y por otro, orgullo por la ciudad.

El gran problema que tenemos en Valparaíso, Viña del Mar y en muchas ciudades es que la gente no conoce su historia. Y como no la conoce, le resulta mucho más fácil irse. Cuando las personas se van a Santiago, por razones de trabajo, se concentra una especie de fuerza centrífuga que atrae todos los talentos. Pero el problema no es solo que la gente se vaya, sino que además pierde el vínculo con su ciudad y ya no está interesada en devolverle la mano al lugar que la formó.

Pensemos en la cantidad de establecimientos educacionales primarios, secundarios y universitarios que tiene Valparaíso. Muchos profesionales se van a Santiago y después no se interesan en retribuir a la ciudad. Y lo interesante es que hay ejemplos de vida de personas que, sin haber nacido en Valparaíso, como Carlos Van Buren, Pascual Baburizza o Lautaro Rosas, quedaron profundamente ligados a la ciudad. Estaban interesados en aportar porque eran conscientes de lo importante que había sido el puerto en su formación personal, profesional o cultural.

“¿Cuántos saben quién fue Francisco Echaurren? ¿Por qué la Biblioteca lleva el nombre de Severin? Si no se explica, el nombre queda vacío, sin contenido. Y ahí está la obligación de nosotros, como ciudadanos, de enseñar y de transmitir ese contenido”

¿A través de la educación se podrá lograr generar esta conciencia?

Sí, absolutamente. Los estudiantes no conocen, simplemente por falta de educación. Y no se trata de no saber quién es Carlos León o Lautaro Rosas, sino que tampoco saben quién fue Pedro de Valdivia, José Miguel Carrera o Bernardo O’Higgins.

Estamos frente a generaciones víctimas de un sistema educacional que ha perdido un poco el rumbo y que no ha sido capaz de entregar conocimientos mínimos. Quizás por poner el énfasis en los grandes procesos, se olvida que la historia se construye también a partir de nombres de hombres y mujeres que colaboraron y que construyeron las ciudades.

Las ciudades no son solo espacios vacíos. Pensemos en la declaración de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003. Para que eso ocurriera hubo una serie de personas que hicieron de Valparaíso algo maravilloso. Es a esas personas a las que tenemos que rescatar. Por eso creo que la tarea del museo, esta cruzada que están emprendiendo, es necesaria. Hay que difundirla y llevarla a otros ámbitos.

En la entrevista que realizamos a la historiadora María Gabriela Huidobro, en el contexto de la exposición “Forjadoras de Valparaíso”, ella nos decía que los estudiantes no sabían reconocer lo histórico.

Sí, como dice María Gabriela, el presentismo se da mucho hoy. Se cree que lo que vivimos es algo único e irrepetible, que nadie más lo ha vivido. Falta ver las cosas en perspectiva.

En Valparaíso basta mirar todo lo que se hizo y preguntarse cómo llegó a ser una ciudad tan extraordinaria durante gran parte del siglo XIX y comienzos del XX. Y también preguntarse qué pasó en el último siglo que eso dejó de tener relevancia.

Es necesario rescatar la historia, incluso a través de lo más cotidiano, como conocer el origen de los nombres de las calles. Eso se ha ido perdiendo. Muchas veces se piensa que cambiando el nombre se genera un conocimiento, pero eso no ocurre. Un ejemplo de esto es la discusión respecto a la Avenida Salesianos/ Salvador Allende. Uno tiene la pretensión de que cambiando el nombre a algo va a generar un conocimiento sobre ese algo, pero en realidad eso no ocurre. ¿Cuántos saben quién fue Francisco Echaurren? ¿Por qué la Biblioteca lleva el nombre de Severin? Si no se explica, el nombre queda vacío, sin contenido. Y ahí está la obligación de nosotros, como ciudadanos, de enseñar y de transmitir ese contenido.

Lo más preocupante no es no saber, sino no cuestionarse. Hoy tenemos toda la información a mano, en el mismo teléfono. El gran pecado que cometemos, y que quizás se acentúa con las redes sociales, es no generar espíritu crítico. Nadie es culpable de no saber, pero sí lo es cuando, consciente de su ignorancia, no hace el esfuerzo por aprender teniendo la información disponible.

“Muchos de ellos eran millonarios, podrían haberse dedicado a viajar o a llevar una vida cómoda, pero en lugar de eso asumieron que su posición económica implicaba una obligación moral hacia la sociedad”

Por eso es fundamental realizar este tipo de contenidos.

La iniciativa de Buenos Porteños es muy necesaria porque rescata a esas personas que permitieron que Valparaíso llegara a ser una ciudad admirada y que con el tiempo se transformara en patrimonio de la humanidad.

La dificultad que tenemos hoy es que pareciera que esos buenos porteños están en peligro de extinción. Por eso hay que rescatar sus historias, mostrar que no siempre lo tuvieron fácil, que hubo fracasos y dificultades, pero también compromiso, talento y amor por la ciudad. Ejemplos que son clave para entender momentos como el terremoto de 1906 y el rol que ellos asumieron en ese contexto.

¿Crees que en 100 años más se podrá realizar esta exposición con figuras de nuestro presente?

La historia siempre tiene momentos de auge y de crisis. No hay ninguna ciudad o civilización que se mantenga en lo alto todo el tiempo, ni tampoco abajo para siempre. Valparaíso hoy no vive su mejor momento, pero no tengo dudas de que la historia es cíclica y que volverá a tener un periodo de esplendor, ya sea por razones externas o internas.

Hoy también existen buenos porteños. Lo que ustedes están haciendo desde el museo, el trabajo de la familia Dib con el rescate del Colegio Alemán, son ejemplos claros. Quizás incluso ahora es más difícil que a fines del siglo XIX o comienzos del XX, porque la ciudad está en crisis. Y justamente por eso es más meritorio hacerse cargo de ella hoy.

Por eso creo que en 100 años más, nuestros sucesores van a poder hacer una exposición parecida y van a encontrar esos nombres. Y lo interesante es que lo harán mirando a personas que actuaron en tiempos difíciles, en un momento de crisis.

Muchos de estos buenos porteños aportaron a través de la filantropía, la política o el servicio público. ¿Qué rol jugaron esas prácticas en la construcción de la ciudad moderna?

Cuando uno se pregunta por qué alguien dona, por qué alguien decide hacer algo por los demás, o incluso por qué alguien quiere dedicarse a la política, que puede tener aspectos positivos, pero también es muy ingrato, lo que aparece es una generación muy consciente de que tenía derechos, pero también deberes.

Sabían que su situación privilegiada los hacía responsables de quienes no habían tenido la misma suerte. Y creo que eso se ha ido perdiendo. Hoy sentimos mucho que tenemos derechos y estamos todo el tiempo reclamando por ellos, pero somos poco conscientes de los deberes que también nos corresponden.

Estas personas eran muy conscientes de aquello. Muchos de ellos eran millonarios, podrían haberse dedicado a viajar o a llevar una vida cómoda, pero en lugar de eso asumieron que su posición económica implicaba una obligación moral hacia la sociedad.

“No se puede querer lo que no se conoce. Y lo que ustedes hacen a través de esta exposición es justamente eso: generar pertenencia, orgullo y compromiso”

Desde tu perspectiva como historiador, ¿cómo se inserta esta selección en la historiografía sobre la identidad porteña?

Yo creo que ellos fueron generando círculos virtuosos en la sociedad porteña. A través de obras materiales e inmateriales fueron fortaleciendo un orgullo por la ciudad. Un orgullo que no era solo arraigo a la tierra, sino también la convicción de que Valparaíso no tenía nada que envidiar a otras ciudades. Por el contrario, muchos querían venir a vivir aquí.

La historia se construye a partir de personas. Y lo que uno siente es que eso se ha ido olvidando, porque se privilegia hablar de los grandes procesos. Pero sin esas personas no hay procesos. Hay que volver a mirarlos, entender quiénes fueron, qué hicieron, por qué lo hicieron y preguntarnos por qué hoy no ocurre lo mismo.

¿Cuál biografía crees que va a sorprender más a los estudiantes?

A mí me gusta mucho la historia de Eduardo de la Barra. Fue un hombre muy ligado a la educación. ¿Cuánta gente habrá pasado por sus aulas? Además, él perdió su biblioteca en un naufragio, y uno se puede imaginar lo terrible que eso fue para un profesor.

También me llama la atención Federico Santa María. Haber forjado el financiamiento para crear una universidad que hoy es una de las más importantes del país parecía un sueño muy lejano, y sin embargo lo concretó.

Y después están los casos más conocidos. A los alumnos probablemente les suene Van Buren por el hospital, y aquí pueden conocer más de su historia: su rol tras el terremoto de 1906, la preocupación por los enfermos, hacerse cargo del hospital en un momento en que no estaba obligado a hacerlo. Son varias historias notables.

¿Qué buenos porteños añadirías como tus favoritos?

Yo incluiría al plantel de Santiago Wanderers del 58, del 68 y del 2001. También a Diego Portales, que fue un gran aporte para la ciudad. Puede sonar repetido, pero él era un amante de Valparaíso y tenía una mirada muy crítica respecto de Santiago.

Y claro, aquí aparecen los grandes filántropos, pero también hay otros que están presentes de distintas formas. Pienso en Alberdi, Sarmiento o Wheelwright, que siendo extranjeros también construyeron una identidad porteña. A veces, por ser de afuera, eran incluso más conscientes de lo que esta ciudad significaba.

¿Consideras que esta exposición tiene un valor especial para estudiantes y apoderados?

Soy un convencido de que la educación es el verdadero motor de cambio. La fórmula para que un país se desarrolle es a través de la educación. Y más allá de lo general, en lo cotidiano también cambia miradas. Que un estudiante entienda que Baburizza es más que un apellido, o que la Plaza Echaurren tiene un sentido histórico que va más allá de una ubicación geográfica, transforma su forma de ver la ciudad.

No se puede querer lo que no se conoce. Y lo que ustedes hacen a través de esta exposición es justamente eso: generar pertenencia, orgullo y compromiso. Eso fue lo que motivó a tantos buenos porteños a devolverle algo a Valparaíso. Y si hoy educamos en esa misma línea, estaremos apostando por el futuro de la ciudad.

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