Columna por Tamara Candia Ahumada | Periodista Museo Baburizza
La maternidad ha sido una de las imágenes más persistentes en la historia del arte. Durante siglos fue representada como un espacio de armonía, entrega y pureza. Sin embargo, esa imagen, tan repetida y naturalizada, también operó como un modelo a seguir: no solo mostraba lo que era una madre, sino, sobre todo, cómo debía ser.
Frente a esa tradición, algunas artistas comenzaron a ampliar esa perspectiva incorporando sus propias vivencias y transformaciones. Ya no se trataba únicamente de representar la maternidad como un ideal, sino de explorar cómo se habita esa experiencia. Un buen ejemplo de ello es Marta Carrasco, pintora e ilustradora que creó una producción artística que provenía directamente de su intimidad y ternura.
“Martita”, como era conocida por sus cercanos, nos enseñó a mirar la maternidad, los cambios del cuerpo femenino y las infancias desde otra sensibilidad. Su obra traspasa los márgenes de la imagen y nos acompaña en un recorrido que hoy descubrimos con nostalgia, pero también con la lucidez de una madre que pinta para otra madre; de una niña que crea mundos para otros.
Ser madre es una experiencia profundamente transformadora. No solo implica cambios en el cuerpo, sino también una forma de estar y relacionarse en el mundo. “Dar leche materna es dar amor”, una de sus ilustraciones más recordadas, realizada en el marco de la Comisión Nacional de Lactancia Materna del Ministerio de Salud, expresa esa dimensión afectiva que atraviesa su obra.
Al encontrarnos con sus imágenes, muchas veces sin saber quién era la autora que estaba detrás, reconocemos la huella de una artista que, desde la privacidad de su taller, supo traducir la intensidad y la felicidad de la experiencia materna en formas, colores y gestos.
En la exposición temporal Colores para la infancia. Marta Carrasco (1939–2007), actualmente en el Museo de Bellas Artes de Valparaíso, es posible adentrarse en una mirada íntima y delicada del mundo infantil, donde maternidad e infancia se entrelazan de forma inseparable.
En el contexto del Día de la Madre, la invitación es a reconocer en estas obras no solo imágenes, sino también experiencias compartidas: formas de afecto, de cuidado y de vínculo que, lejos de los modelos ideales, nos devuelven a una dimensión más realista y sensible de la maternidad.
