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Marcela Küpfer: “En Valparaíso hay una larga tradición de mujeres creadoras que están en la memoria colectiva de la ciudad”

En el marco del Mes de la Mujer, conversamos con Marcela Küpfer Collao, periodista, editora e investigadora, Diplomada en Historia del Arte y Diplomada en Historia de Chile y del Arte Chileno por el Instituto de Historia de la PUCV. Ejerció el periodismo en el diario La Estrella, del que llegó a ser su primera directora, hasta 2024. En 2010 funda y dirige la editorial Narrativa Punto Aparte, con colecciones dedicadas a la narrativa contemporánea, no ficción, artes visuales y lectura infanto-juvenil. Es investigadora y coautora de los libros “Jim Mendoza, pintor de abismos”, “La Generación Porteña” y “La ballenera de Quintay y otros relatos de la caza de ballenas en Chile”. Actualmente imparte docencia universitaria y talleres de escritura de no ficción. En la entrevista habló sobre sus inicios, el lugar de las mujeres en la prensa, el rol de la cultura en Valparaíso, entre otras temáticas.


Fuiste directora de la Estrella de Valparaíso en un contexto donde no era tan usual ver mujeres liderando medios de comunicación regionales. ¿Cómo fue aquel proceso?

Para mí fue un proceso muy natural, que tributa a todas las experiencias de mujeres periodistas que, antes que yo, trabajaron en medios ocupando distintos cargos. Cuando ingresé como periodista a La Estrella en 1997, había varias mujeres trabajando como reporteras: Anita Martínez, Ada González, Milena Gálvez, Lorena Ruiz, quien era ya editora… No éramos mayoría, pero todas trabajamos codo a codo con nuestros colegas, sin complejos ni sesgos. Aunque la cultura ha cambiado mucho al interior de las organizaciones, siempre sentí el respeto de mis pares y de la comunidad. Estaba convencida de que liderar un medio de comunicación dependía de mis habilidades, talento y profesionalismo, y por ello me resultó natural ir avanzando desde el puesto de reportera a editora y finalmente primera directora del diario La Estrella en sus 105 años.

¿Consideras que ha cambiado el espacio o lugar que ocupan las mujeres en los medios de comunicación en el último tiempo?

Sí, sobre todo respecto a los roles de liderazgo, en los que la prensa chilena había sido bastante esquiva hasta hace apenas una década. Cuando yo asumí como directora, era tal vez la segunda o tercera mujer en asumir ese cargo, y la primera en la región. En diez años, se nombraron más directoras y editoras generales en distintos medios del país, y en mi propio equipo teníamos dos editoras y una mayoría de mujeres periodistas. Hace poco vi una foto de una celebración del Día de la Prensa de hace unos 30 años, y la proporción de hombres y mujeres era completamente inversa.

¿Sientes que el relato sobre Valparaíso es distinto cuando es narrado por mujeres?

No creo que exista una sensibilidad que podamos atribuir específicamente a un género. Habitualmente se señala que las mujeres son más “sensibles”, pero vi a muchos compañeros emocionarse hasta las lágrimas frente a alguna tragedia o escribir con gran sensibilidad historias y relatos de la ciudad. Para quienes amamos el periodismo, escribir sobre la ciudad en que vivimos, sus personas, sus acontecimientos, sus memorias, es un ejercicio apasionante y ponemos allí nuestras experiencias y nuestras propias sensibilidades, tanto si somos mujeres u hombres.

Desde tus roles como periodista, gestora cultural y escritora. ¿Cómo se han conectado estas perspectivas en tu trayectoria?

¡Muchísimo! Yo partí trabajando como periodista en la sección de Cultura y Espectáculos y me sentí desde el inicio en mi ambiente. Desde chica fui súper lectora, siempre me gustaron el arte y la cultura, y en la universidad hacíamos fanzines y revistas. Así es que para mí fue la mezcla perfecta entre mis dos pasiones: la cultura y el periodismo. Además, me permitió unir ambas inclinaciones para hacer investigaciones y libros, editar, estudiar y vincularme estrechamente con el mundo de la cultura y el arte.


¿Crees que la ciudad reconoce a sus mujeres creadoras, artistas y gestoras culturales?

Sí, sería injusto señalar lo contrario. En Valparaíso hay una larga tradición de mujeres creadoras que están en la memoria colectiva de la ciudad. Claro, hace algunas décadas o siglos tal vez aparecían en menor número, o no se conocieron sus talentos en su época, pero aquellas que trascendieron están muy vivas y son reconocidas. Y lo interesante de esta, nuestra época, es que existe una vocación por el rescate y la memoria, y así es como algunas historias de estas mujeres casi desconocidas van también saliendo a la luz.

“La verdad es que siendo periodista cultivé mi propia forma de ser y mi propio estilo de trabajo, pero reconozco que su manejo de la entrevista como género es admirable”

¿Qué significa ser reconocida como una mujer relevante en el ámbito cultural porteño? ¿a quiénes te gustaría destacar?

Más que el reconocimiento, me gusta hacer cosas: escribir y editar libros, escribir textos de arte, entrevistar a artistas, hacer conversatorios sobre temas de cultura, estudiar, exponer, todo ese alimenta el espíritu. Por supuesto, también recibo muchas cosas a cambio de personas con las que me he vinculado a lo largo de estos años: conversaciones, amistad, confianza, la oportunidad de visitar a los artistas en sus talleres o de trabajar un manuscrito con un escritor, en fin… Para mí es un privilegio y una recompensa que me consideren en el ámbito cultural. La lista de personas que me gustaría destacar es inmensa, pero no puedo sino mencionar a Nancy Arancibia y Bertrand Coustou, fundadores de la galería de arte Bahía Utópica, con quienes me une una gran amistad. Nancy y Bertrand fueron pioneros en instalar una galería de arte con artistas porteños en Valparaíso, hace ya 16 o 17 años. Tuve la oportunidad de conocerlos cuando empezaron, ellos como galeristas y yo como periodista de cultura. Lo que han logrado en este tiempo es increíble, su galería de arte es un orgullo para Valparaíso y han reunido a artistas de enorme talento y carisma, todos bajo un mismo techo, es impagable.


A raíz de lo anterior, ¿qué mujeres de Valparaíso (nacional o internacional) marcaron e inspiraron tu camino?

En el periodismo, sin dudarlo: Raquel Correa. Yo tenía 13 años para el plebiscito del ’88 y me encantaba ver “De cara al país” y, más tarde, “La entrevista de Raquel Correa”, ya en los 90. Siendo adolescente, me parecía que era lo máximo, por su carácter, su profesionalismo, su valentía. La verdad es que siendo periodista cultivé mi propia forma de ser y mi propio estilo de trabajo, pero reconozco que su manejo de la entrevista como género es admirable. También admiré y estudié a las grandes entrevistadoras, Barbara Walters, Oriana Fallaci, todas mujeres bravas y talentosas.

¿Qué le dirías a las mujeres jóvenes que quieran desarrollarse en el ámbito cultural o periodístico de la región?

¡Que no hay trabas! Depende de nosotras mismas. Aún persisten muchos problemas de machismo y discriminación que debemos subsanar como sociedad, sin duda, pero las oportunidades están allá afuera como nunca antes en la historia. Les recomendaría cultivar y hacer crecer sus talentos, porque son estos los que les permitirán abrirse paso en un mundo tan líquido como el actual. Si les gusta leer y escribir, olvídense de la IA y conviertan el lenguaje en su materia prima, en su elemento natural. Eso te diferencia como persona y te da la independencia, la autonomía y la libertad necesaria para tomar decisiones. Además, vivimos en una región con vocación cultural, que nos invita ya sea a crear o a contribuir al relato.


“La mejor respuesta no es mía, sino del Gitano Rodríguez: Valparaíso amarra como el hambre. Cuando salgo, siempre siento la necesidad de volver aquí. No nací ni crecí en Valparaíso, sino en Villa Alemana, pero a los veinte años me vine a Valparaíso y no me fui más”

Si tuvieras que nombrar una transformación cultural que te gustaría ver en Valparaíso en los próximos años, ¿cuál sería?

Aunque muchos no lo quieran ver, la pobreza y la vulnerabilidad siguen siendo los principales problemas que aquejan a Valparaíso. Esa es la transformación que me gustaría ver en los próximos años: que los porteños puedan vivir mejor. De allí fluirá el resto. Tengo la impresión de que la cultura en Valparaíso ha sido siempre un poco como la ciudad: inorgánica, espontánea, institucional y subterránea al mismo tiempo. No cambiaría nada de eso. Lo que sí me gustaría es que en los próximos años el amor y el orgullo por Valparaíso vuelvan a emerger; llevamos demasiados años hablando mal de la ciudad. Claro que hay problemas, y no pocos, pero se pueden subsanar (con harta voluntad y dedicación). No debemos olvidar que Valparaíso es una ciudad única y maravillosa, luminosa, inspiradora, con carácter… Ahora, si de sueños se trata, podría aventurar algo más concreto: me gustaría que en los próximos años Valparaíso tuviera un Museo de la Ciudad, con toda su historia, y un Museo de Arte Contemporáneo, para resguardar la obra de los artistas de la región.

En la actualidad, ¿qué lugar ocupa la cultura en la identidad de Valparaíso?

Es innegable que la cultura está íntimamente relacionada con eso que llamamos identidad. No por nada Valparaíso ha sido pintado, escrito, filmado, fotografiado hasta el infinito, y no por nada esta es tierra de personas creativas y voluntariosas que han aportado a la cultura desde los más disímiles espacios, de cerros a plan. Pero hay otros elementos, igualmente importantes, que forman parte de la identidad de la ciudad, no lo reduciría a “Valparaíso, ciudad de cultura”.


Si pudieras definir tu vínculo con Valparaíso, ¿cuál sería y por qué?

La mejor respuesta no es mía, sino del Gitano Rodríguez: Valparaíso amarra como el hambre. Cuando salgo, siempre siento la necesidad de volver aquí. No nací ni crecí en Valparaíso, sino en Villa Alemana, pero a los veinte años me vine a Valparaíso y no me fui más. Amo la ciudad: su carácter único, su historia, el viento, el mar, el sol y la vaguada, el desorden casi constante, la espontaneidad, lo incomprensible que se vuelve para quienes la ven de lejos y no se atreven a vivirla. Entiendo a quienes sienten reticencia de venir a Valparaíso, la ciudad es ruda y, en muchos casos, hostil, pero se aprende a entenderla y a navegar en ella. No me imagino viviendo en otro lugar.

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