A raíz de la escultura contemporánea “Mar de miradas” que se presentó durante toda la temporada estival en la terraza del Museo Baburizza, conversamos con Lorena Mendoza, artista, escultora y autora de la obra que estará hasta el 31 de marzo en el recinto cultural porteño.
Para ti como mujer, ¿fue muy difícil dedicarse al tema del arte?
Es difícil para cualquiera en este sistema que vivimos trabajar en el arte, así que no creo que vaya por algo de género. En la historia de los y las artistas siempre ha sido todo complicado, excepto algunos casos claramente, pero en general, para la mayoría es difícil vivir del arte o dedicarse exclusivamente a él.
Tal vez, eso sí hay que reconocer, el mundo de los escultores es machista. En algunas ocasiones hacen simposios, sólo donde hay hombres y eso a mí me llama mucho la atención, porque existimos bastantes escultoras nacionales y extranjeras tan capaces como ellos en cuanto a fuerza y dominio de herramientas, equipos y materiales. Siento que existe el prejuicio de que por fuerza podemos tener menos…
¿Cómo ha sido recorrer Chile con tus esculturas?
Ha sido realmente maravilloso. Los lugares siempre son muy lindos y en muchas ocasiones uno está rodeado de naturaleza que es la mejor motivación e inspiración. He ido a Valdivia, Coyhaique, Huilo Huilo, Bolivia, Argentina, entre otros hermosos lugares.
Recorrer lugares y poder dejar una obra de gran formato en las ciudades de Chile o de cualquier otro país, es algo súper gratificante y motivador como que te da más impulso para seguir haciendo lo que uno ama, que para mí es como el aire que respiro. Puedo estar mal, me meto al taller y mágicamente empieza todo a equilibrarse.
Podríamos decir que ha sido tu escape.
Sí, claro. Mi papá falleció el 2020 y mi mamá un año después. Imagina cómo andaba. Y la verdad es que me sigue afectando. No tengo una buena relación con la muerte porque me tira para abajo. Hace poco murió mi gatita y justo tenía que hacer una escultura. Me metí al taller y volví a equilibrarme. Es como una terapia, además es mi remedio para el alma.
¿Desde cuándo eres escultora y que te motivó a hacerlo?
Como dice un buen amigo y acá replico su frase: “yo nací escultora”. De chica siempre dibujé y trabajaba mucho la tierra con las manos, así que siempre me gustó. Desde hace más de 20 años soy escultora. Aprendí sola a soldar y luego tomé unos cursos de soldadura al arco. Como estudié en Bellas Artes y tenía profesores muy clásicos, me decidí a averiguar por mi cuenta. Como quieta no soy, esa habilidad me vino súper bien para adaptarme a nuevos cambios.
¿Qué materiales estás usando ahora?
Siento que nosotros como artistas tenemos el deber de empezar a usar otro tipo de materiales, reciclar y realizar arte sustentable para dejar las materias primas tranquilas. Encuentro aberrante que se nos corten árboles para que hagamos una escultura. No estoy de acuerdo con eso, porque además hay muchos árboles caídos, sobre todo en el sur. Está la posibilidad y le puedes dar una nueva vida y un valor como un objeto que representa un momento de nuestra historia.
¿Y te influyen otros artistas o movimientos?
La verdad es que tengo algunos/as que admiro, que son Camille Claudel, Louise Bourgeois, Rebeca Matte y Marta Colvin, por nombrarte algunas.
¿Y cómo te inspiras para crear tus obras?
Empiezo a ver los materiales que tengo y comienza la creatividad. En la última instancia que participé había una convocatoria de abstractos y generalmente soy bastante figurativa. Fue un gran desafío, porque se me ocurrió hacer las cuatro estaciones del año y plasmarlas de modo abstracto quedando bastante conforme con los resultados.
¿Y tu obra en general son pequeñas o son más grandes?
Trabajo todos los tamaños. Si por ejemplo voy a un simposio, claramente es formato grande porque tiene que quedar en espacio público, y si tú no haces un tamaño grande, el espacio
te come la obra. Inmediatamente se disminuye. Pero no, no tengo un formato ni un material definido o preferido. Todo me gusta y me acomoda.
¿Cómo ha ido evolucionando tu trabajo a lo largo de los años?
El modelado en greda siempre es el mismo y no evoluciona mucho. Aparte que le vayas incorporando otro tipo de material al resultado final. Y con el metal he evolucionado, empecé con repuestos de camiones, de autos y micros que me conseguía en los talleres o en la calle que encontraba botados. Y ahora ya puedo comprar cualquier fierro y empezar a martillar las latas, las planchas y darle otras formas. El metal que es un material tan duro y frío, tú lo puedes transformar hasta que llegue a conmoverte. Me encanta el reciclar. La piedra es eterna y la madera la más cálida de las materias primas.
¿Cómo ha sido exponer en el Museo de Baburizza?
Bien, me encantó el lugar. El museo es maravilloso. Me gustaría que se la dejaran. Me imagino que ha sido vista por mucha gente, porque todo el mundo me dice: ¡ay, ¡qué bien, en el museo! Es que de verdad me ha parecido y sido una gran y grata experiencia.
¿De qué se trata la escultura “Mar de miradas”?
Postulé al simposio de Valparaíso, pero no sé bien por qué motivos ni siquiera vieron mi postulación. Y ahí fue cuando me acordé del Baburizza y lo que hacían en el verano. Para esta obra me inspiré en los miradores de Valparaíso y en la vista que tenemos la mayoría de las personas que vivimos en acá, donde generalmente sales de tu casa y te encuentras con el maravilloso Océano Pacífico inmediatamente. Tiene ese nombre porque te enfrenta a mirar a la inmensidad de la vida en el universo a través de la majestuosidad infinita del mar.
